Hay gente que va de dialogante, de que acepta y respeta cualquier opinión o idea y en realidad actúan de manera contraria si la opinión o idea le es contraria o no corresponde con sus intereses.
Si uno estuviese sólo en este mundo podría comportarse sin atender a nada más que a su necesidad de supervivencia. Pero cuando se trata de relacionarse entre seres humanos la cosa ya no es tan sencilla. Uno debe sobrevivir, desde luego, pero ya no de cualquier modo.
Cuando uno está sólo uno se enfrenta a cuestiones técnicas, mecánicas. De lo que se trata es de salvar la vida en un medio hostil y desconocido. Pero en cuanto te encuentras con otro ser humano ya no se trata solamente de sobrevivir, como una fiera o un repollo, perdido en la naturaleza; uno tiene que empezar a vivir humanamente.
Si uno no sabe como apañárselas para sobrevivir en los peligros naturales, pierde la vida, lo cual sin duda es una putada; pero si uno no tiene ni idea de ética, lo que pierde o malgasta es lo humano de su vida y eso tampoco tiene ni pizca de gracia.
Y si, hay que aceptar que aunque humanos todos somos diferentes y podemos llegar a ser muy distintos tanto en idioma, cultura, raza, ideas políticas, sexo,… Pero, sin embargo, pese a tantas diferencias, también hay entre los seres humanos rasgos fundamentalmente parecidos, semejanzas esenciales que no compartimos con ninguna fiera ni con ningún árbol o manantial. Para empezar, todos hablamos, aunque sea en lenguas muy distintas.
Por lo tanto, aunque tengamos posiciones muy distintas desde las que discutir, podríamos llegar a discutir y comprender de qué estaríamos discutiendo. Y eso ya es bastante más de lo que se suele hacer con un tigre de Bengala o un alud de nieve…